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¿Qué es la economía colaborativa?

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La economía colaborativa

Realmente no existe una definición exacta de este “nuevo” fenómeno sobre el que vamos a hablar, es un cajón desastre donde coexisten acciones de distinto tipo, están basadas en las tecnologías de la información que permiten la generación de portales o redes, donde se pueden realizar interacciones entre individuos (P2P) de forma masiva.

Lo único que tenemos claro es que es un fenómeno que se expande a toda velocidad y se convierte en un verdadero desafío a las empresas tradicionales.

Tipos de economía colaborativa

Podemos encontrar la siguiente clasificación atendiendo a su tipología. Tipos de economía colaborativa (*)fuente EAE Businnes School:

El concepto es mucho más amplio de lo que parece en un principio. Dentro del propio sistema de colaboración, también denominado «economía compartida», existen varios tipos de relaciones que varían en función de las necesidades y los productos:

Consumo colaborativo:

Utiliza plataformas digitales a través de las cuales los usuarios se ponen en contacto para intercambiar bienes o artículos, casi todos de forma gratuita y altruista. (p.e. Spacebee, Relendo, Shipeer…)

Conocimiento abierto:

Son todas aquellas modalidades que promueven la difusión del conocimiento sin barreras legales o administrativas. Pueden presentarse en el día a día o a través de plataformas informáticas a las que acuden usuarios con necesidades. (p.e Wikipedia)

Producción colaborativa:

Se trata de redes de interacción digital que promueven la difusión de proyectos o servicios de todo tipo. La diferencia con los dos modelos anteriores es que lo que se ofrece también se produce en el seno de estas células. (p.e. sistemapoliedro, p2pvalue…)

Finanzas colaborativas:

Microcréditos, préstamos, ahorros, donaciones y vías de financiación se incluyen en este subgrupo de la economía colaborativa. Los usuarios se ponen en contacto para satisfacer necesidades en cualquiera de estos aspectos. El mejor ejemplo lo vemos en el crowfunding, modelo de financiación para aquellos que deseen aportar capital a ciertas iniciativas de forma desinteresada. (p.e. Kikstarter, Indiegogo, Ulule, Verkami…)

Principales beneficios

El ahorro. La mayoría de productos o servicios que se ofrecen a través de este sistema tiene precios módicos o, incluso, simbólicos.

Desarrollo sostenible. La economía colaborativa estimula el segundo uso de los productos. Lo que alguien ya no necesita, puede tener un nuevo destinatario en alguna red de contactos. Se aboga por un consumo moderado.

Gestión de recursos. Otro principio de la economía colaborativa es que si a alguien sirve una cosa, lo más probable es que a otra persona también. ¿Por qué no compartirlo? El mejor ejemplo son los coches de carretera, que pueden servir para llevar a varios pasajeros con destinos próximos.

Mayor oferta. Los productos con un segundo uso y los servicios compartidos amplían la oferta de los mercados tradicionales. Sin la economía colaborativa, es posible que éstos nunca vieran la luz.

Beneficio medioambiental. La reutilización y los servicios compartidos son una buena manera de contribuir al cuidado y la sostenibilidad de los entornos.

Problemas o controversias

Más allá de las posibilidades que nos abre la economía colaborativa como usuarios, ya que nos abre un nuevo abanico de oportunidades de uso/consumo desde una nueva perspectiva, podemos analizar la misma desde un punto de vista económico.

En datos de 2016 en España un 6% de la población ofrecía productos o servicios bajo este modelo, por encima de 5% de la media Europea. Según el Foro Europeo de Economía Colaborativa este tipo de empresas en 2015 generó unos ingresos brutos en la UE de 28.000 millones de euros, mientras que las estimaciones señalan a que se podría llegar a generar entre 160.000 y 572.000 millones de euros en un futuro. Además, se estima que la cantidad de usuarios que utilizarán este modelo económico es de 150 millones durante 2017.

Se trata de una actividad que empieza a generar y desarrollarse de tal manera que no puede ser ignorada, a mediados del año pasado desde Bruselas la Comisión Europea  publicó una especie de recomendaciones en las que se instaba en que la prohibición a desarrollar la actividad a este tipo de empresas en Europa fuera la última opción ya que, sin ninguna duda, se desarrollará en otra parte del mundo.

Pero es aquí donde hay controversia al respecto de estas actividades, como el caso de Uber, en el que Bruselas investiga a Alemania, Francia y España y sus legislaciones de transporte que en su aplicación impedirían el desarrollo de la actividad del gigante estadounidense.

En España es sobradamente conocido el caso de Uber frente al sector del taxi y la acusación de esta última de competencia desleal ya que no podían competir en igualdad de condiciones cuando para la práctica de su actividad los taxistas deben tener una licencia con un coste de 155.000 euros y un seguro a todo riesgo según la normativa,…

Otro caso que podríamos apuntar es el de EatWith una plataforma que pone en contacto a usuarios que ofrecen cenas con otros que buscan una experiencia culinaria diferente. La mecánica es sencilla los anfitriones ofrecen una comida en su casa o local de su propiedad y suben el menú a su aplicación, donde los comensales interesados en degustarlo al precio ofrecido hacen la reserva.

Pero más allá del impacto que esto tenga en el sector de la restauración y la fiscalidad de esta actividad, volvemos a caer en cuenta de que la regulación actual es insuficiente, ya que estas actividades están fuera del marco regulatorio por ejemplo del control sanitario. ¿Están los particulares  que ofrecen estas cenas en posesión de carnet de manipulador de alimentos, pasan controles sanitarios y tienen cocinas debidamente autorizadas? Al fin y al cabo no hablamos de cenas de amigos, sino de un servicio remunerado que debería tener todas las garantías.

Conclusión

La conclusión final es que, una vez más parece que el marco legislativo va por detrás, y que su actividad siempre es reactiva al encontrarse con los conflictos y denuncias, cuando quizá, los organismos legislativos tanto nacionales como comunitarios tendrían que trabajar de forma más proactiva a la hora de regular las nuevas actividades económicas y más si vienen impulsadas por las nuevas tecnologías y el P2P dada la velocidad de expansión que presentan cuando ambas se combinan.

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Óscar Jimena Óscar Jimena CAO Ver más artículos de Óscar Jimena

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